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San Sebastián: serena elegancia


A principios del siglo XX se convierte en el destino turístico preferido de la clase alta europea.

 

 


Ciudad bella, abierta y cosmopolita
situada en un enclave natural privilegiado, las primeras noticias escritas de San Sebastián hacen referencia a un monasterio situado en el barrio que aún hoy se denomina San Sebastián El Antiguo. Según algunos historiadores, primitivamente se conoció aquel lugar como Izurum.


Y llega el año 1845, y la ciudad irradia esplendor
cuando la reina Isabel II, a quien sus médicos recomendaron los baños de mar para paliar sus problemas en la piel, puso de moda el veraneo en San Sebastián. Su presencia atrae a la corte y a numerosos aristócratas en los meses estivales. La ciudad cobraba renombre, y necesitaba crecer y expandirse. El derribo de las murallas tuvo lugar en 1864, y el desarrollo urbanístico dio origen al Ensanche Cortázar, actual centro urbano. San Sebastián gana terreno al río Urumea, y las marismas se transformaron en nuevos barrios, nacieron como una nueva ciudad orientada a los servicios

A principios del siglo XX San Sebastián, Donostia vive su Belle Epoque, convirtiéndose en el destino turístico preferido de la clase alta europea. La reina Maria Cristina instaló la residencia veraniega de la corte en el Palacio de Miramar, y florecieron los hoteles de lujo, casinos, teatros…. Durante la I guerra mundial, los adinerados europeos se refugiaron aquí del conflicto. A estos visitantes se debe mucha de la influencia francesa que apreciamos en las calles donostiarras.


El mar como protagonista


San Sebastián surge ordenada, donde los edificios se integran en el entorno conformando calles, avenidas y paseos que conviven armoniosos en la riqueza natural que los rodea. Nuestro recorrido tiene como protagonista el mar. Lo comenzaremos en uno de los rincones más bellos de la ciudad el Peine del Viento, obra del arquitecto Luis Peña Ganchegui y el escultor Eduardo Chillida. La combinación de hierro forjado, piedra y mar da como resultado un espacio único e irrepetible.



El sentido de las olas nos guía hasta la playa de Ondarreta, con su paseo y sus jardines, que acogen una estatua construida en honor a la reina María Cristina, monarca que ordenó construir el Palacio de Miramar, fijando en él la residencia veraniega de la corte. La entrada nos sitúa en el barrio de El Antiguo, y descendiendo por la otra entrada se llega al Paseo de la Concha. El monumento a Fleming, de Chillida, es un lugar ideal para contemplar el paisaje. Frente a él, la isla de Santa Clara y un poco más adelante nos encontramos la Perla del Océano, que en el pasado fue uno de los balnearios más importantes del mundo.

Al final del paseo se encuentran el Ayuntamiento, antiguo casino, y el Real Club Náutico, concebida como un barco atracado en el muelle. En el Puerto conviven barcos deportivos y pesqueros con las coloristas viviendas de los pescadores como fondo. Unas escaleras conducen hacia el Paseo Nuevo que borde el Monte Urgull. Continuando junto al mar llegamos al Puente del Kursaal, ejemplo de modernismo. Atravesándolo llegamos al barrio de Gros donde se encuentran el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal, obra del arquitecto Rafael Moneo, símbolo de la nueva arquitectura y eje cultural de la ciudad. De allí, el Paseo de la Zurriola bordea la playa y termina en la Punta de Monpás.

 
Desde el Boulevard hasta el Parque de Araba


El Boulevard separa la Parte Vieja de la zona edificada tras el derribo de la muralla, transformado en espacio peatonal en su alameda se encuentra el Kiosko casi centenario, y el Ayuntamiento, el que fuera casino que albergaba en sus salones las mejores fiestas de la época, es considerado uno de los edificios más bellos de España.

Frente a él, los jardines de Alberdi Eder y unas manzanas más, la Plaza de la Guipúzcoa, en uno de sus lados, el Palacio de la Diputación de Guipúzcoa, de estilo neoclásico y, junto al río los inseparables Teatro Victoria Eugenia y Hotel María Cristina.


El Paseo de Francia nos sorprende con sus palacetes señoriales de estilo francés, allí se encuentra la Estación del Norte, cuya marquesina es obra de ingeniero Eiffel. Tomamos el Puente de María Cristina, uno de los más bellos de Donostia, para regresar a la otra orilla donde se encuentra la plaza de Bilbao en forma circular. Por la calle Alfonso VIII  accedemos a la plaza donde está la Catedral del Buen Pastor, de estilo neogótico, el Edificio de Correos y el centro cultural Koldo Mitxelena. La transición de estilos queda suavizada por el Parque de Araba.

Calles estrechas y rectas atraviesan la Parte Vieja, antes fortificada y hoy centro de la vida social donostiarra con sus innumerables bares, restaurantes, y sociedades gastronómicas. Corona su entrada el Mercado de La Bretxa, llamado así por ser el lugar por donde las tropas anglo-portuguesas penetraron en la ciudad durante el asedio de 1813. Dentro del casco antiguo, sus calles mantienen un trasiego constante de viandantes. La calle Fermín Calbetón es una de las que tienen mejor ambiente gracias a las barras de sus establecimientos que son una auténtica tentación.


En el corazón de la Parte Vieja se sitúa la Plaza de la Constitución, centro vital de Donostia donde tiene lugar la mayoría de los acontecimientos festivos de la ciudad. Sus coloridas fachadas con números pintados en cada balcón recuerdan un coso taurino.

Desde la calle San Jerónimo llegamos a la 31 de Agosto, única que quedó en pie tras el devastador incendio de 1813, hoy es uno de los principales ejes históricos de Donostia. A un extremo, la Iglesia de San Vicente, de estilo gótico es la más antigua de la ciudad.


Al otro lado, la Basílica de Santa María, erigida sobre unas ruinas romanas, y de la que destaca su fachada barroca presidida por una escultura de San Sebastián, mártir cristiano. A su lado, Gaztelubide, una de las más tradicionales sociedades gastronómicas de la ciudad, y cerquita, una empinada escalera nos conduce al Paseo de los Curas, privilegiado mirador donde antaño paseaban los sacerdotes, a la sombra de los árboles.



Llegamos al monte Urgull y en lo alto, Castillo de la Mota. Construido en el siglo XII, del que (todavía pueden verse los cañones que los donostiarras utilizaban contra las tropas enemigas) fue pieza básica en la defensa de la villa. En la cumbre, el monumento al Sagrado Corazón preside la ciudad.


Cómo Llegar

Desde Madrid se accede por la N-1. Desde Bilbao, y el oeste, se accede por la autopista de peaje A8, desde Francia, por la autopista A-63. Desde Pamplona por la autovía A-15.

 

* Nuestras sugerencias para alojarse en San Sebastián.
 
 




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