En la provincia de Palencia la Comarca Natural de Tierra de Campos tiene una superficie aproximada de 3.000 Km2 que en su mayor parte están destinados al cultivo del cereal (cebada y trigo ). Por este motivo, las variaciones que nos va ofreciendo esta gran estepa cerealista son una de los principales elementos del paisaje y condicionan la vida de animales y plantas en la zona.Para nuestro viaje por esta apasionante tierra utilizaremos como cicerone e hilo conductor uno de los elementos más significativos de la arquitectura popular: El PALOMAR.
Los palomares van salpicando la geografía de nuestra Comarca integrándose como un elemento más del paisaje, como si fueran una prolongación vertical de las arcillosas tierras castellanas.
Los orígenes de estas singulares construcciones son muy remotos, aunque lo más probable es que en su concepción actual los hallamos heredado del Imperio Romano. Distintos documentos históricos, nos permiten saber que ya en la época feudal el palomar se trataba de una posesión privilegiada que sólo podían permitirse tener aquellos que disfrutaban de unos derechos muy codiciados conocidos como“Derechos de palomar".
Durante los siglos XV y XVI los palomares se van extendiendo por varias provincias españolas aunque siguen siendo considerados un privilegio de las clases más pudientes. El principal motivo,se debe a que el noble o señor era quien disponía de suficientes extensiones cultivadas de cereal entorno al palomar para garantizar el sustento de las aves. En esta época , algunos pobres eran objeto de ejemplarizantes castigos por robar o causar daño en los palomares.
Hasta principios del Siglo XX los palomares han sido en nuestros pueblos un gran exponente de la convivencia de las economías agrícola y avícola. Sin embargo, a lo largo de este Siglo la mayoría de los palomares se fueron abandonando, las palomas se fueron y muchos de ellos desaparecieron.
En la actualidad, existe mayor conciencia de la utilidad y principalmente del valor del palomar como seña de identidad de nuestro territorio. Por este motivo, muchos de ellos se están cuidando y restaurando, no sólo por el aprecio de los propietarios sino como una muestra que imprescindiblemente debe llegar a otras generaciones y para que todos los que se acerquen a conocer nuestra tierra puedan disfrutar de la belleza de tan singular construcción.

- la piedra, en los zócalos para evitar humedades.
- el ladrillo, para la creación de aleros y guardavientos.
- la madera y la teja curva para los tejados.
En la construcción del palomar, también se debían cuidar otros aspectos como:
-su ubicación , pues debía buscarse un sitio alto, tranquilo, sin árboles, donde la comida estuviera cerca y el agua lo suficientemente lejos como para que las palomas llegaran con las patas secas al palomar.
- su color, siempre se suelen recubrir las paredes interiores y las exteriores de color blanco, pues se trata de un color muy atractivo para las palomas.
Otro aspecto a destacar son las distintas formas constructivas que nuestros antepasados dieron a los palomares: redondos cuadrados, rectangulares, poligonales...y su principal distribución interior con o sin patio.
Esperamos con estas líneas haber despertado suficientemente su curiosidad para que se adentre ilusionado en este viaje por la provincia palentina y para que se deje cautivar por todos sus encantos. Pero permítanos aconsejarle que realice estas rutas mirando en todas las direcciones, pues los palomares no son elementos aislados sino que forman parte de un pueblo y su historia se entrelaza con sus manifestaciones arquitectónicas religiosas, con las magnificas construcciones civiles y con los elementos naturales más significativos del paisaje. Por este motivo, le aconsejamos que disfrute la ruta, converse con la gente, tómese reposo en alguno de los alojamientos de la zona e imprescindiblemente deléitese con la excelente gastronomía de la tierra.
De todo ello le ofrecemos información en nuestra segunda parte.