Unos extensos y rectilíneos páramos calizos, cubiertos en parte por bellos encinares, y en cuyos alrededores se descubren varias villas y pueblos repletos de historia y arte. Mota del Marqués, Tiedra, San Cebrián de Mazote, Urueña y el monasterio de La Santa Espina son los enclaves elegidos para protagonizar esta ruta.
Si la naturaleza de los Montes Torozos es singular, no lo es menos la carga de historia, arte y tradiciones de casi todas las villas que se localizan en su entorno. La ruta propuesta comienza en la localidad de Mota del Marqués. La torre cilíndrica del castillo que remata el cerro que preside la villa, otorga personalidad a su configuración urbana.
En su caserío se descubre el palacio del marqués de Ulloa, noble al que debe el topónimo la localidad, con un elegante patio renacentista obra de Rodrigo Gil de Hontañón. También es muy interesante la iglesia de San Martín con sus bellos retablos y sillería.
Una tranquila carretera nos conduce hasta la cercana Tiedra. Su origen romano, su castillo del siglo XIII que perteneció a don Tello Téllez de Meneses, la iglesia renacentista del Salvador y la ermita barroca de la Virgen de Tiedra justifican plenamente la visita. A todo esto hay que añadirle una arquitectura popular en buen estado que destaca en su porticada Plaza Mayor.
Desde Tiedra es muy fácil encontrar la carretera que enfila hacia San Cebrián de Mazote. En este pueblo destaca con luz propia una basílica de estilo mozárabe, fechada en el siglo X. Sorprende su elegante interior organizado en tres alargadas naves separadas por arcos de herradura, sostenidos por columnas decoradas con bellos capiteles.
Para proseguir el recorrido por los Montes Torozos hay que buscar la estrecha carretera que se acerca hasta la siguiente etapa: la villa medieval y amurallada de Urueña. Un kilómetro antes de alcanzar el lugar merece la pena detenerse para contemplar el magnífico conjunto paisajístico que forman el recinto amurallado y la ermita románica de la Anunciada.
Hay que entrar en Urueña por cualquiera de sus puertas fortificadas y recorrer con tranquilidad sus bien trazadas calles. Son imprescindibles un paseo por lo más alto de la muralla, desde la que se divisan unas impagables panorámicas de toda la llanura circundante, y una visita al Centro Etnográfico Joaquín Díaz —con su singular colección de instrumentos de música tradicional y su Museo de Campanas— y al Museo de la Música, con la colección de instrumentos de todo el mundo de Luis Delgado.
Tras dejar atrás la inconfundible silueta de Urueña y su oasis cultural hay que buscar la carretera con dirección a La Santa Espina. Este monasterio es de estilo cisterciense y conserva la iglesia y la sala capitular primitivas.
También muestra dos claustros clasicistas de los siglos XVI y XVII y una fachada principal del XVIII, atribuida a Ventura Rodríguez. La ruta se puede dar por finalizada enfilando hacia Torrelobatón, localidad que atesora un interesante patrimonio presidido por la silueta de su imponente castillo gótico.