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Saltos de esquí: aterrizar lo más lejos posible


Una de las pruebas más espectaculares dentro de los deportes invernales donde tienen vital importancia la estética y la armonía de movimientos.



El salto de esquí es un deporte olímpico y consiste, principalmente, en descender sobre esquíes por una rampa para coger velocidad y luego iniciar el vuelo con el objetivo de aterrizar lo más lejos posible.

Los saltos de esquí se consideran una de las pruebas más espectaculares dentro de los deportes invernales resultan muy atractivos incluso a los que no son muy aficionados a estos deportes.

Tiene una gran dificultad técnica y por ello requiere mucha preparación, pues el esquiador no solo tiene que saltar lo más lejos posible, sino que debe hacerlo en condiciones de seguridad y aterrizar sin contratiempos. Un accidente no solo le restaría puntuación sino que a menudo tiene consecuencias trágicas para el deportista. Por si fuera poco, durante el vuelo debe cuidar la armonía y la estética del movimiento, ya que además de la distancia unos jueces valorarán el estilo, influyendo ambos factores en la puntuación final.

Para realizar el salto, el esquiador se sitúa en la rampa de despegue en la parte de arriba, respira hondo y se lanza rampa abajo en unos esquíes de unos 12 cm. de ancho. Adquiriere velocidad hasta llegar a más de 100 Km. por hora, momento en cual se realiza el despegue, el más importante, ya que el esquiador debe realizar el impulso en el momento preciso. Un retraso o un anticipo de unas centésimas de segundo pueden significar varios metros en la distancia del salto.


Durante el vuelo los esquiadores
adoptan una forma de V, con los esquíes abiertos, el cuerpo echado hacia adelante y los brazos pegados al cuerpo.

Por último, llega el momento más peligroso, que es el aterrizaje. Los esquiadores lo realizan en lo que se llama la posición telemark, es decir, con un rodilla por delante, que es la que se encarga de aguantar el impacto brutal en el suelo. En este momento se utilizan también los brazos para equilibrar el cuerpo y no caerse.

 

Un poco de historia

Los saltos de esquí se originaron, como casi todos los deportes de invierno, en los países nórdicos de Europa.

Como deporte olímpico hizo su aparición ya en la primera edición de los juegos invernales, los Juegos Olímpicos de Chamonix 1924, donde se competía sobre un trampolín de 80 metros. El 1972 la federación internacional estableció como oficiales las actuales pruebas de K-90 y de K-120. La prueba por equipos es más reciente y se remonta los Juegos Olímpicos de Calgary 1988 y donde ganó el oro el equipo de Finlandia.

Las mujeres empezaron a practicar esta disciplina en los años 70, con pioneras como Anita Ward, aunque hasta el momento no han conseguido su reconocimiento para participar en los Juegos Olímpicos


En la actualidad países como Finlandia, Suiza o Alemania compiten por la hegemonía con los esquiadores procedentes de Japón, aunque también países como Estados Unidos, Eslovenia o Austria disponen de un gran nivel. La tecnología desempeña un papel cada vez mayor, y en la actualidad los esquiadores se someten a numerosas pruebas en túneles de viento para hallar la posición ideal que les permita aterrizar más lejos. Asimismo el equipamiento esta orientada a ofrecer la mínima resistencia al aire.

En los últimos Campeonatos del Mundo, Austria se adjudicó la medalla de oro en la modalidad por equipos de los saltos de esquí. Los austriacos terminaron gracias a su campeón olímpico (K120) Thomas Morgenstern, que superó los 140 metros (140,5), dando el título olímpico a su país. Finalmente, Finlandia se adjudicó la plaza y los noruegos, el bronce.


 





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