Durante la dominación árabe se convirtió en la ciudad más importante del mundo civilizado.
Cuna del filósofo Séneca, Córdoba es un atractivo núcleo turístico gracias al indudable magnetismo que ejercen su célebre mezquita y el casco antiguo, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad y a los que se suman otros destacados conjuntos monumentales de la ciudad.

Asentada a orillas del río Guadalquivir, alcanza su máximo esplendor durante la dominación árabe que, con una magnífica planificación urbanística, un millón de habitantes, trescientas mil viviendas, más de mil mezquitas, ochenta mil comercios, centenares de baños públicos, iluminación en las calles principales y la biblioteca más importante de la Europa medieval, con cuatro mil volúmenes. La ciudad desarrolló una extraordinaria actividad cultural como puente entre Oriente y Occidente y punto de encuentro de musulmanes, judíos y mozárabes.
La mezquita y catedral

Partimos desde el emblema de Córdoba, la mezquita, obra maestra del arte universal declarada Patrimonio de la Humanidad. Una de las más grandes construidas en el mundo islámico (23.400 metros cuadrados) aunque en la actualidad traspasas los límites de esa cultura con la mezcla de estilos arquitectónicos superpuestos, producto de nueve siglos de continuadas edificaciones y reformas.
Abderraman I ordenó su construcción en el año 785 sobre la planta de una catedral visigoda, de la que han quedado capiteles jónicos y corintios. Su exterior está formado por una muralla cornada por almenas y reforzada con torreones entre los que se abren las distintas puertas de acceso, mientras la parte interior está precedida por un precioso espacio porticado de grandes dimensiones, el patio de los Naranjos, que incluye tres galerías decoradas con arquerías triples y cinco fuentes.

Es en el año 833 cuando Abderraman II añade ocho tramos a la obra y aporta bellísimos capiteles procedentes de otros edificios o tallados por obreros cordobeses.
Sin embargo, la contribución más novedosa y rica se debe al califa Alhaken II que amplió en doce tramos, destacando por su originalidad y enorme belleza la cúpula de la sala de oración y la suntuosa decoración en yeso y lujosos revestimientos de mosaico del mihrad. Las obras definitivas las realiza Almanzor en el siglo X.
Tras la reconquista, el recinto se consagra al culto católico y en el año 1523 se inician las obras de la catedral ubicada en el bosque de columnas de mármol de al mezquita, que finalizan en 1776. Plateresco, herreriano, y barroco, son los estilos que presenta el templo. Su capilla Mayor, con una enorme lámpara de plata en el centro del crucero y la barroca sillería de caoba del coro, así como las cincuenta capillas adosadas a los muros que cierran la mezquita y que atesoran una importante colección de arte, son dignas de destacar.

Las inmediaciones de la mezquita nos llevan al
palacio Episcopal, de estilo gótico, que acoge el museo Diocesano de Bellas Artes y el antiguo hospital de San Sebastián, del siglo XVI.
Lindando al barrio de la Judería, un increíble entramado de calles umbrías que conserva intacto su trazado medieval, se encuentra la sinagoga, obra mudéjar del siglo XIV que, junto al de Toledo, es el único templo hebreo que ha sobrevivido en España.
Un corto paseo nos conduce hasta el A
lcázar de los Reyes Cristianos, castillo-palacio del siglo XIV levantado sobre una fortaleza romana y califal. En su interior se exhiben numerosas piezas artísticas como las que se exponen en el salón de los Mosaicos procedentes de una mansión romana de Córdoba, y no debemos dejar de visitar los
baños Reales, las caballerizas, los diversos jardines y patios.

Entre los jardines y el Guadalquivir transcurre la avenida del Alcázar que nos lleva al magnífico
puente Romano, desde el que se observan los restos del molino de la Albolafia, abastecedor de agua al alcázar. Justo al otro extremo del puente está la torre de la Calahorra, del siglo XIV, actual sede del
museo Histórico de la Ciudad.
Nos situamos, de nuevo, en el centro histórico, en dirección a la plaza Jerónimo Páez donde se encuentra el palacio del mismo nombre y, cerca del río, en la plaza del Potro, están el antiguo hospital de la Caridad y la posada del Potro (muy popular por aparecer en El Quijote).
Una visita obligada es la plaza de la Corredera, del siglo XVII y unos metros más nos topamos con la iglesia de San Pablo que guardad la imagen de la Virgen de las Angustias, icono de la Semana Santa cordobesa. La plaza de los Capuchinos, centro de auténtico casticismo y cuya iglesia alberga el Cristo de los Faroles. Y ya en los alrededores y para finalizar nuestro recorrido, es visita obligada recalar en el palacio de Viana, una mansión señorial que atesora numerosas obras de arte y una biblioteca de siete mil volúmenes.
Cómo Llegar
Córdoba se encuentra en una encrucijada de carreteras. Pasan por ella la N-IV/A-4 (Madrid-Cádiz) y la N-432 que enlaza Badajoz con Granada.