Ha sido la única ciudad que tuvo el privilegio de recibir el nombre de su fundador: César Augusto.
Una época llena de brillantez de la que encontramos muestras en las murallas romanas con la estatua de bronce de César Augusto o los sarcófagos paleocristianos de la cripta de Santa Engracia. El Museo de las Termas Públicas de Caesaraugusta, el del Foro Romano, el del Puerto Fluvial y el Teatro de Cesaraugusta, son otros ejemplos.
Zaragoza cuenta con un importante núcleo de arte mudéjar aragonés declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: su obra cumbre es el Muro de la Parroquieta. Obra realizada por maestros aragoneses en colaboración con alarifes sevillanos, logran convertir un sencillo muro de ladrillos en un auténtico tapiz policromo.
La catedral del San Salvador, La Seo, fue la primera catedral cristiana de Zaragoza. Levantado sobre le mismo espacio que antes había ocupado el templo romano del foro, la iglesia visigoda y la mezquita Mayor musulmana.

El Palacio de la Aljafería es uno de los monumentos más importantes de la arquitectura hispano-musulmana del siglo XI. Del periodo posterior a la Reconquista destacan el Palacio Mudéjar de Pedro IV así como la Capilla de San Martín. De interés también son las sus murallas, el Patio de Santa Isabel, el Oratorio, el Salón Dorado, el Palacio de los Reyes Católicos y el Torreón del Trovador (en el que Verdi situó la acción de su conocida ópera).
La iglesia de San Pablo es otro de los testimonios más valiosos del arte mudéjar, sin dejar de mencionar, la iglesia de San Miguel Abab, la de Santa María Magdalena, el Santo Sepulcro, el Torreón de la Zuda, la iglesia de Santa María Magdalena o el Torreón Fortea.
El aspecto de la capital aragonesa se renueva por completo en el siglo XVI, quedando numerosos testimonios en los palacios de caballeros y casas de ciudadanos pudientes que reflejan el desarrollo financiero del Reino de Aragón y su capital. La casa Palacio de los Condes de Vástago, actual sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Zaragoza; la Casa de Armijo, hoy sede del Justicia de Aragón, la Casa de Morlanes; la de San Miguel Don Lope, conocida como Real Maestranza de Caballería, y declarada Bien de Interés Cultural. Otro claro ejemplo es la iglesia Basílica de Santa Engracia, con una magnífica portada o la Lonja, el primer edificio renacentista de la ciudad y la construcción civil más importante del siglo XVI en Aragón.

Como broche final, hablamos del lugar más emblemático de la capital maña: Declarada Bien de Interés Cultural es también el monumento religioso por excelencia de Zaragoza, la Basílica del Pilar. La tradición afirma que hubo una capilla primitiva, respetada durante la dominación musulmana. Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso I (1118), fue sustituida por un templo románico.
Este templo románico, construido durante el pontificado del Obispo Don Pedro de Librana, aún se conserva un tímpano (hoy colocado en el muro sur junto a la puerta baja del templo. En 1434 un incendio dañó de tal manera al conjunto que se impuso la construcción de una nueva iglesia. Comienza entonces la construcción de un nuevo templo gótico-mudéjar que sustituye la iglesia románica. El año 1515, siendo arzobispo de Zaragoza don Alonso de Aragón, se concluyó la construcción.
La iglesia gótica era de una cierta amplitud, y estaba constituida por la iglesia propiamente dicha, de una y amplia nave únicamente, y de un claustro pequeño y recargado donde estaba emplazada la Capilla del Pilar. Iglesia que continuó dedicada a la Asunción, pero que era llamada habitualmente de Santa María la Mayor.

La iglesia de Santa María ocupaba un espacio, indudablemente mucho más pequeño y se enriquecía con importantísimas piezas de carpintería mudéjar, aunque lo más relevante de aquel conjunto iba a ser el monumental retablo de alabastro cuyo encargo se inicia en 1434, pero que se contrata definitivamente con Forment en 1509.
El aumento de la devoción a la Sagrada Imagen era patente, así el zaragozano Juan de Marca, planteó la necesidad de una construcción más importante y que tuviera una adecuación con la intensidad de esa creciente devoción. Comprendiéndolo bien el Cabildo decidió convocar un concurso para la nueva y más monumental construcción. En la mente de los devotos, y también en la del Cabildo, se estableció un afán de emulación con respecto a la más grande de las iglesias zaragozanas del momento: la Catedral de El Salvador.
Esta catedral tenía una planta de salón amplísima y se trataba también de que el Templo del Pilar tuviese ese mismo aspecto. Pero por otra parte, la Catedral era de estilo gótico mientras que parecía oportuno que para el nuevo Templo del Pilar se buscase un estilo más actual, siendo clara la presencia del modelo de San Pedro de Roma que se quería transparentar, con intención de modernidad absoluta, en algunos de los proyectos.
La nueva construcción, ya de inicio monumental, se construyó en el tono de la arquitectura barroca del momento, confiriendo robustez a los pilares y ornamentaciones de los mismos y, dada la monumentalidad de la construcción, una continuidad de bóvedas que debía resultar bastante pesada. La traza general del templo se encargó a Felipe Herrera el Mozo, comenzando las obras en 1681. Lo principal del edificio barroco, incluidas las cúpulas, estaba terminada en 1754. Mientras tanto, en 1725 el Cabildo decidió transformar el aspecto de la Santa Capilla, lo que encomendó a Ventura Rodríguez.

Cuando Ventura Rodríguez recibe el encargo de terminar la Capilla dedicada a la Virgen del Pilar y retocar el conjunto del Templo, estableciendo la unidad de los elementos, va a ser este genial arquitecto el que configure el monumento actual, seleccione una parte de su ornamentación, e invente estos elementos de tono ya más clasicista; y será él quien planeará la ornamentación en los pilares y en los frisos, que cobran singular elegancia y pierden parte de su maciza densidad con huecos en los que se encajaban espléndidos flameros dorados. En 1765 quedaba terminada la obra de la Santa Capilla.
Las obras del templo se prolongarán por varios siglos. En 1872 se concluyen las obras del cubrimiento completo con la terminación de la gran cúpula central y la primera torre, a las que seguirán las siguientes levantadas en 1907 y 1961, con lo que quedó rematada la totalidad de la inmensa obra.
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